Decidir con conciencia: el valor de estar listas
AutoguíaPor Bibiana Rodríguez
Participar en la vida pública no es una casualidad. Es una decisión que se toma con el tiempo, con experiencia y con una profunda conciencia de lo que implica hacerse responsable de otros.
A lo largo de mi camino he ocupado distintas posiciones de decisión. Cada una me ha enseñado que la autoridad no viene del cargo, sino de la congruencia: de hacer lo que dices, de sostener tu palabra y de estar presente incluso cuando el camino se vuelve incómodo.
En más de una ocasión he tenido que aprender a hablar con firmeza, a poner límites y a confiar en mi criterio. No siempre es sencillo. A veces se espera que seas comprensiva antes que clara, cercana antes que decidida. Con el tiempo entendí que se puede ser ambas cosas; que la sensibilidad no está peleada con la determinación y que decidir con conciencia también es una forma de cuidado.
Uno de los mayores retos ha sido aprender a elegir dónde estar. La vida personal, la maternidad, el trabajo y el servicio público no se equilibran solos; requieren intención. Estar donde se necesita, sin culpa y con responsabilidad, se vuelve una forma de liderazgo silencioso pero constante.
He confirmado que las mejores decisiones no se toman desde la distancia. Se toman escuchando, caminando el territorio y entendiendo el contexto real de las personas. La cercanía no es improvisación; es una manera distinta de ejercer responsabilidad. Cuando conoces de primera mano lo que pasa, decides mejor.
Con los años también he aprendido a no guardar la voz para después, a no esperar el momento perfecto para participar, opinar o asumir responsabilidades. La experiencia te enseña que el tiempo pasa igual, pero las decisiones que no se toman también pesan.
Hoy creo profundamente en el valor de la preparación, la claridad y la constancia. Nada de lo que realmente transforma se construye con prisa. Se construye con experiencia, con errores asumidos y con la valentía de decidir cuando sabes que estás lista.
A las mujeres que emprenden, que lideran equipos, familias o proyectos propios, les diría esto: no esperen a que alguien valide su capacidad. La experiencia también es autoridad. La coherencia también es liderazgo. Y la voz que hoy dudas en usar probablemente es la que más necesita ser escuchada.
Hay momentos en los que la vida te coloca frente a una decisión silenciosa: seguir acompañando desde fuera o dar un paso al frente con responsabilidad.
Cuando ese momento llega, no se trata de ambición, sino de conciencia; de entender que lo que has construido te preparó para algo más grande.
Y cuando una mujer está lista, no pide permiso: se hace cargo.























