Límites y amor propio: cuando decir no es una forma de decir sí a ti
AutoguíaSpoiler alert: quien se ama no se explica tanto, se cuida más.
Hay una idea muy arraigada que nos ha hecho daño: creer que poner límites es ser egoísta. Que, si amamos de verdad, debemos darlo todo, aguantar todo, estar siempre disponibles. Pero la verdad —aunque incomode— es otra: no se puede hablar de amor verdadero si no hay respeto hacia uno mismo. Y no puede haber respeto sin límites.
Este artículo no es solo una reflexión; es una invitación a revisar cómo te estás tratando… y qué estás permitiendo.
¿Qué son los límites?
Los límites no son barreras. Son puertas con cerradura emocional que tú decides cuándo abrir, cómo, a quién y en qué condiciones. Son líneas invisibles que definen hasta dónde das, qué no vas a tolerar, cuándo necesitas espacio y qué tipo de trato mereces. No son una señal de frialdad, sino de madurez emocional. No limitan el amor: lo hacen más sano, más real, más justo.
Cuando no hay límites, te traicionas sin darte cuenta
Tal vez esto te suene: dices “sí” cuando quieres decir “no” para no incomodar; perdonas una y otra vez sin que haya un cambio real; te haces responsable de las emociones de los demás; te callas para no perder a alguien… y, en el proceso, te vas perdiendo tú. Eso se llama autoabandono emocional y muchas veces nace del miedo: al rechazo, a no ser querido, a ser “demasiado”. Hay una verdad innegociable: amarte también implica decepcionar a otros para no seguir decepcionándote a ti.
¿Cómo saber si necesitas poner límites?
Si al leer esto sientes incomodidad o cansancio emocional, probablemente los necesitas. Algunas señales claras: te sientes agotada después de ciertas conversaciones o vínculos; vives en modo culpa por no estar disponible todo el tiempo; sientes que das más de lo que recibes; te cuesta decir “no” sin justificarte. No estás siendo “difícil”: estás necesitando respeto.
“La única forma de hacer que los demás respeten tus límites es respetarlos tú primero”.
— Brené Brown
¿Qué tiene que ver esto con el amor propio?
Todo. El amor propio no es solo decirte frases lindas frente al espejo; es la forma en que te proteges emocionalmente. Es cómo te eliges incluso cuando eso incomoda. Cada límite puesto desde el amor es una declaración: “me valoro lo suficiente para no permitir esto más”.
Cómo empezar a poner límites sin culpa (y con amor):
- Reconoce qué te duele: ahí nace el límite.
- Habla claro y con respeto: “esto no me hace bien” es suficiente.
- Acepta que incomodarás a quien se beneficiaba de tu falta de límites.
- No te expliques de más: un límite no es un debate.
- Sostén tu límite: decirlo es difícil; mantenerlo, transformador.
Para cuando aparezca la culpa:
“No soy egoísta por proteger mi paz.”
“Mi valor no depende de cuántos ‘sí’ doy, sino de cuánto me respeto.”
“No es mi trabajo complacer a todos; es mi trabajo cuidarme.”
“No me explico tanto cuando me amo más.”
“Mi amor también tiene reglas: respeto, equidad y cuidado mutuo.”
Recuerda: poner límites no es cerrarte, es cuidarte. Decir “no” a tiempo también es amor. El amor propio empieza cuando decides no volver a abandonarte por nadie. Los límites no alejan a quien te quiere bien; filtran a quien no.
¿Te sentiste identificada? Si estás aprendiendo a valorarte, a decir lo que sientes y a cuidar tu energía emocional, sígueme en Instagram: @elba_diaz_falcon.
Comparto reflexiones y herramientas para poner límites sin culpa y elegirte con firmeza (sin perder la ternura).
Nos vemos por allá.
Elba Díaz Falcón























