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Cuando el desafío no está en ella: la ciencia que también ayuda a la fertilidad masculina

Mamá, Salud
Lectura: 2 minutos

Por Ing. Mary Vera
Ingeniera Bioquímica y responsable del Laboratorio de Reproducción Asistida de Médica Fértil

Cuando una pareja comienza la búsqueda de un embarazo y este no llega, es común que las primeras preguntas recaigan sobre la mujer. Durante mucho tiempo, la fertilidad se entendió casi exclusivamente desde una perspectiva femenina. Sin embargo, hoy sabemos que el factor masculino participa en una proporción muy importante de los casos de infertilidad, por lo que estudiar a ambos integrantes de la pareja es indispensable para encontrar la mejor solución.

Desde el laboratorio de reproducción asistida vivimos esta realidad todos los días. Y quizá uno de los aspectos que más sorprende a quienes llegan a nosotros es descubrir que la medicina no solo estudia los espermatozoides: también puede prepararlos y seleccionar aquellos con mejores características biológicas para favorecer un tratamiento de fertilidad.

A este proceso lo conocemos como capacitación espermática.

Aunque el nombre puede sonar complejo, su principio es extraordinariamente natural.

En un embarazo espontáneo, los espermatozoides deben recorrer un largo camino dentro del aparato reproductor femenino. Durante ese trayecto experimentan una serie de cambios bioquímicos que les permiten adquirir la capacidad de fecundar al óvulo. No todos logran completar ese recorrido. De manera natural, el organismo selecciona a aquellos con mejor movilidad y mayor capacidad para continuar el viaje y fecundar al óvulo.

Cuando recurrimos a un tratamiento de reproducción asistida, ese recorrido no siempre ocurre de la misma manera. Por ello, el laboratorio recrea cuidadosamente parte de ese mecanismo biológico, preparando la muestra para obtener una población de espermatozoides con mejores características biológicas antes de procedimientos como una inseminación intrauterina o una fertilización in vitro.

Lo interesante es que no existe una única técnica. Antes de decidir cómo trabajar una muestra, realizamos un análisis detallado de parámetros como la concentración, la movilidad y otras características microscópicas. Esa información nos permite elegir el procedimiento más adecuado para cada paciente, porque cada muestra requiere un abordaje diferente.

Algunas técnicas utilizan gradientes de densidad que separan los espermatozoides según sus características físicas. Otras, como el método swim-up, aprovechan la capacidad natural de los espermatozoides con mejor movilidad para ascender hacia un medio limpio, dejando atrás células, restos celulares y espermatozoides con menor potencial.

En los últimos años, además, han surgido tecnologías que representan un avance importante en las técnicas del laboratorio, como los sistemas de microfluidos, los cuales emplean diminutos canales diseñados para imitar el recorrido que los espermatozoides realizan dentro del aparato reproductor femenino. Gracias a este principio, es posible recuperar células con excelente movilidad y una mayor integridad del ADN, características especialmente valiosas para determinados tratamientos de reproducción asistida.

Lo más importante es comprender que estas tecnologías no modifican ni “mejoran” artificialmente un espermatozoide. Su función consiste en identificar y seleccionar aquellos que, de manera natural, presentan las mejores condiciones, respetando siempre los procesos biológicos y aprovechando el potencial de cada muestra.

La tecnología, por sí sola, no crea posibilidades donde no existen. Lo que hace es ayudarnos a comprender mejor la biología, reducir variables y ofrecer a cada pareja la mejor oportunidad posible dentro de su propia realidad.

Quizá uno de los cambios más importantes de la medicina reproductiva ha sido comprender que la fertilidad nunca debe entenderse como una responsabilidad exclusiva de la mujer. Es un proyecto compartido y, por ello, hombres y mujeres merecen ser evaluados con el mismo cuidado, la misma profundidad y el mismo compromiso.

La ciencia al servicio de las historias humanas

En el laboratorio trabajamos con microscopios, incubadoras, medios de cultivo y tecnología de alta precisión. Analizamos células que apenas pueden observarse a simple vista y tomamos decisiones basadas en evidencia científica y protocolos rigurosos. Sin embargo, nunca perdemos de vista lo más importante: detrás de cada muestra existe una historia.

Hay una pareja que lleva meses —o incluso años— esperando una respuesta. Hay ilusiones, incertidumbre, preguntas y un proyecto de vida que merece ser acompañado con sensibilidad y profesionalismo.

Por eso, para quienes trabajamos en reproducción asistida, la tecnología nunca es el objetivo; es la herramienta que nos permite acercar la ciencia a las personas. Cada procedimiento, cada análisis y cada muestra representan una oportunidad para ayudar a que una pareja dé un paso más hacia el sueño de formar una familia.

Porque, al final, el trabajo del laboratorio no consiste solo en estudiar células; consiste en cuidar posibilidades.

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