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Ángela Ríos, Daniela Rodríguez, Mish López y Nad Narváez

Mujer emprendedora
Lectura: 4 minutos

Cuatro mujeres, cuatro maneras de construir un camino propio 

No existe una sola manera de emprender. Tampoco una edad correcta, un momento perfecto o un camino que garantice que las cosas van a salir como las imaginamos. 

A veces, crecer significa tomar una decisión que cambia por completo el rumbo. Otras veces implica ajustar los planes, empezar de nuevo, aprender algo distinto o confiar en una idea que todavía no tiene todas las respuestas. 

Las historias de Ángela Ríos, Daniela Rodríguez, Mish López y Nad Narváez son diferentes entre sí. Sus profesiones, proyectos, edades y experiencias también lo son. Pero comparten algo importante: la decisión de construir una vida y un proyecto desde sus propias circunstancias. 

En todas hay cambios, aprendizajes y momentos en los que fue necesario volver a mirar el camino. 

También hay familias que acompañan, personas que se convierten en impulso, nuevas versiones de los sueños y una manera muy personal de entender lo que significa crecer. 

Son historias de mujeres que siguen aprendiendo, creando, cambiando de dirección cuando es necesario y descubriendo que avanzar no siempre significa seguir una línea recta. 

A veces significa empezar de cero. 

Cambiar de idea. 

Pedir ayuda. 

Atreverse. 

O simplemente tener el valor de elegir una vida que se parezca un poco más a la que realmente quieren vivir. 

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Ángela Ríos: belleza que nace de la naturaleza 

Ángela Ríos Mirabent tiene 24 años, es ingeniera en Biotecnología y mientras muchos de sus compañeros terminaron la universidad para buscar empleo, ella decidió desarrollar su propia marca. 

La idea comenzó durante la pandemia, cuando empezó a experimentar con jabones, champús y desodorantes. Después llegaron cursos de cosmética natural, maquillaje y protectores solares, hasta que encontró el espacio en el que quería trabajar: crear maquillaje que además de aportar color tuviera otras funciones como el cuidado de la piel. 

Así nació Gea Beauty

“Quería que cuando pensaras en maquillaje también pensaras en la Tierra”.

El nombre hace referencia a Gea, la diosa de la Tierra, y resume buena parte de la propuesta de la marca: fórmulas con ingredientes de origen natural, empaques principalmente de cartón y productos pensados para simplificar la rutina. 

Una base puede incorporar protección solar y un blush puede utilizarse en mejillas, labios, ojos o incluso como delineador. 

“Cada vez es: usa esto para los granos, esto para las manchas, esto para protección solar. Yo quería simplificar esa rutina en un solo producto que no provocara acne, ni manchas en la piel, y que pudiera aplicarse sobre el maquillaje sin alterarlo”. 

Así nacio la idea de crear un producto que reuniera todas las caracteristicas. 

Para Ángela, emprender también ha significado aprender mientras avanza. Se define como tímida, pero cuando habla de su proyecto aparecen constantemente nuevas ideas, fórmulas y productos. 

“Soy muy movida. Siempre estoy pensando qué hacer, qué cambiarle al emprendimiento o qué producto sacar”. 

Por eso, cuando piensa en su mayor acto de valentía, la respuesta es clara: “Emprender es de valientes. No es para cualquiera”. 

También ha tenido que aprender a no medir su proceso con el de los demás. Mientras sus compañeros comenzaron a trabajar y a tener un sueldo fijo, ella eligió un camino mucho menos predecible. 

“Todos mis compañeros buscaron un trabajo estable y todos tienen uno. A veces es difícil no compararte y pensar: ellos ya están trabajando y yo sigo emprendiendo que no es tan estable”. 

Aun con esas dudas, ha decidido continuar. Porque Gea dejó de ser solamente una idea de universidad para convertirse en un proyecto al que ha dedicado casi tres años de pruebas, cambios y decisiones. 

Parte de la marca también se ha construido observando. En los bazares, Ángela no solo vendía: miraba qué productos llamaban la atención, qué preguntaban las personas y qué hacía falta. Muchas de las decisiones de Gea nacieron de esas conversaciones y de estar cerca de quienes podían convertirse en sus clientas. 

Esa forma de trabajar sigue presente. Ángela prueba, modifica y vuelve a empezar cuando es necesario. No habla de Gea como un proyecto terminado, sino como una marca que todavía está encontrando su lugar y creciendo junto con ella. 

Uno de los procesos más complejos ha sido seleccionar el nombre de la marca, ya que buscaba que el nombre representara todo lo que hay atras. 

Uno de sus recuerdos favoritos ocurrió cuando recibió por primera vez los empaques de sus productos.

“Sentí que ya le estaba dando forma a la marca”. 

El logotipo también nació de esa intención. Está formado por cuatro letras G que, al unirse, crean una flor, un detalle que conecta directamente con la identidad natural de Gea. 

También disfruta observar la reacción de las personas cuando abren un producto, descubren la esponja, prueban una textura o se enteran de que pueden utilizarlo de distintas formas. 

“Me emociona ver que ellos se emocionen”. 

Esa reacción le confirma que las horas de pruebas y cambios tienen sentido. Detrás de cada producto hay decisiones que no siempre se ven: modificar una fórmula, pensar un empaque, elegir ingredientes y encontrar una forma de hacer que el resultado sea práctico para quien lo usa. 

Hoy Ángela continúa desarrollando Gea mientras estudia una maestría en Administración de Negocios. Quiere que la marca llegue a más mujeres y que el maquillaje pueda verse también desde otro lugar: como un producto que combine ciencia, cuidado de la piel y una forma más consciente de consumir.

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Dra. Daniela Rodríguez: Transformar el miedo en confianza 

Desde niña, Daniela Rodríguez sabía que quería ser dentista. Recuerda jugar con una Barbie dentista y tener bastante claro que algún día estaría del otro lado del sillón. 

Originaria de Celaya, Guanajuato, estudió Odontología en la Universidad de La Salle Bajío y posteriormente llegó a Querétaro para especializarse en Endodoncia en la Universidad Autónoma de Querétaro. Su preparación continuó en áreas como odontología estética, implantes y rehabilitación, incluso con formación en Tel Aviv, Israel. 

Pero su historia profesional también está profundamente ligada a otra faceta de su vida: ser mamá. 

Cuando nació su hija Isabella, Daniela decidió dedicarse por completo a ella durante sus primeros meses. Tiempo después se separó del papá de su hija y tuvo que comenzar a construir nuevamente su camino profesional. 

Mientras buscaba oportunidades como endodoncista, Isabella todavía era muy pequeña y muchas veces la acompañaba. 

“Me acompañaba a buscar trabajo”. 

No todas las puertas se abrieron. Hubo lugares donde le dijeron que sería complicado trabajar teniendo cerca a una niña pequeña, pero también encontró personas que le dieron una oportunidad y la ayudaron a seguir avanzando. 

“Hubo unos angelotes que Dios me mandó”.

Poco a poco comenzó a trabajar, ahorrar y acercarse a una de sus metas: tener su propio consultorio. 

Lo abrió en 2020, justo cuando comenzó la pandemia. 

“Yo decía: Dios de mi vida, ya tengo mi proyecto… y seguimos encerrados”. 

El inicio fue complicado, pero decidió mantenerlo. Hoy ejerce todos los días mientras combina su profesión con la maternidad y reconoce que aquella etapa le enseñó a confiar en que, incluso después de momentos difíciles, las cosas pueden acomodarse. 

“Para todos sale el sol. Estoy muy bendecida por Dios”. 

Ganarse la confianza del paciente 

Daniela sabe que muchas personas llegan al consultorio con miedo, malas experiencias o incluso años evitando al dentista. 

Por eso, para ella un buen tratamiento no termina cuando se resuelve un problema dental. También importa que el paciente se sienta escuchado y quiera regresar. 

“Para mí es una gran satisfacción ganarme esa confianza y ver que salen contentos, con un tratamiento de calidad y con ganas de regresar”. 

Su práctica reúne distintas especialidades, pero Daniela procura mantenerse cercana durante todo el proceso, incluso cuando otro especialista participa en el tratamiento. 

Esa misma relación con el paciente también determina la manera en la que toma decisiones clínicas. 

Su prioridad es conservar los dientes naturales siempre que sea posible y explicar las alternativas antes de realizar cualquier procedimiento. 

“Yo busco preservar el órgano dental. Evaluamos absolutamente todo para que el paciente pueda elegir la mejor opción”. 

Para Daniela, recomendar un tratamiento más costoso cuando existe una alternativa sencilla no tiene sentido. Prefiere construir una relación basada en ética, transparencia y confianza. 

Empezar sin saber exactamente qué va a pasar 

Cuando piensa en los momentos que más valentía le han exigido, menciona dos: decidir divorciarse y emprender sola. 

En ambos tuvo que avanzar mientras criaba a Isabella y construía su independencia. 

También tuvo que dejar de escuchar constantemente esa pregunta que aparece cuando algo apenas comienza:

“¿Y si no?” 

Sus principales referentes han sido sus padres. De su mamá reconoce el amor con el que formó a su familia; de su papá, su capacidad de trabajo y apoyo incondicional. 

“Ellos dos son mis pilares”. 

Ahora intenta transmitirle esas mismas enseñanzas a Isabella, quien sigue siendo una de sus principales motivaciones. 

A sus 38 años, Daniela todavía tiene mucho que quiere construir. Sueña con ampliar su proyecto, abrir nuevas clínicas y contar con su propio laboratorio dental. 

Mientras tanto, hay algo que resume bien lo que busca cada día dentro de su consulta: que una persona pueda entrar con miedo y salir sintiendo que encontró un dentista al que sí quiere volver. 

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Mish López: aprender a elegirse también es una forma de crecer 

Mish López llegó a Querétaro para estudiar Mercadotecnia y Comunicación en el Tecnológico de Monterrey. Después continuó preparándose en marketing digital, relaciones públicas y asesoría de imagen. Durante mucho tiempo imaginó su futuro dentro de agencias, medios y proyectos de comunicación. 

Su camino terminó llevándola hacia otro lugar. 

Trabajó en organización de eventos, tuvo un negocio de renta de vestidos y, con el tiempo, comenzó a acercarse al bienestar y a la medicina estética. Actualmente es cosmetóloga y se encuentra estudiando la carrera de Cosmetología, una formación que ha sumado a su experiencia y que le permite involucrarse directamente en los procedimientos y el cuidado de la piel de sus pacientes. 

Hoy también es mamá de una niña de cuatro años y forma parte de Sunterra MedSpa, un proyecto que construye junto a su papá, el Dr. Luis Armando López. 

Sunterra MedSpa: un proyecto entre padre e hija 

La historia de Sunterra MedSpa está ligada a la experiencia profesional de su papá. 

Médico de profesión, después de jubilarse decidió continuar estudiando y especializarse en medicina estética. La familia ya había tenido experiencia dentro del sector salud y también con un spa en Celaya, pero fue en Querétaro donde padre e hija encontraron la oportunidad de desarrollar un concepto propio. 

La propuesta fue unir dos perfiles: la experiencia médica de él con la formación de Mish en comunicación, imagen, estrategia, cosmetología y cuidado de la piel. 

“Mi papá estudia diario. Si tiene un caso, se pone a investigarlo antes para llegar con una solución”.

Mish también destaca una característica fundamental en su manera de trabajar: la honestidad. Si considera que un procedimiento no es necesario, no lo realiza; si un paciente requiere otro tipo de atención, prefieren orientarlo antes que ofrecerle algo que no necesita. 

“Tenemos dos puntos de vista. Mi papá tiene su experiencia y yo tengo la visión de cómo estructurar, comunicar y llevar el proyecto hacia otro lugar”. 

Mucho más que un consultorio 

Sunterra MedSpa ha pasado por diferentes etapas y ajustes. Para Mish, esos cambios han sido parte de descubrir qué quieren ofrecer y hasta dónde quieren llevar el proyecto. 

La visión a largo plazo es clara: que Sunterra sea mucho más que un consultorio y se consolide como un MedSpa capaz de ofrecer diferentes servicios de manera integral en un mismo lugar, enfocados en el cuidado y bienestar del paciente. 

Esto implica mirar más allá de un procedimiento aislado. Hay pacientes que llegan por acné, cambios en la piel, control de peso o alguna inquietud estética y que, durante el proceso, pueden requerir otro tipo de atención o el acompañamiento de diferentes especialistas. 

Para Mish, ahí está una parte importante del futuro de Sunterra: reunir distintas alternativas que permitan acompañar al paciente de una forma más completa. 

También busca que la medicina estética no se construya desde la idea de señalar defectos. 

“Me gusta que, con lo que tienen, las personas aprendan a hacer énfasis en sus atributos, a cuidarse y a quererse”. 

Por eso, antes de recomendar un procedimiento, buscan escuchar qué quiere y qué necesita realmente cada persona. Algunas veces puede ser medicina estética; otras, un tratamiento cosmetológico, una rutina adecuada para la piel o incluso reconocer que no necesita hacerse nada. 

Mish quiere que la educación tenga cada vez mayor presencia dentro de la marca. Desde enseñar cómo lavar correctamente el rostro y reconocer el tipo de piel hasta orientar sobre los productos adecuados. A futuro también imagina desarrollar productos de skincare accesibles y seguir ampliando los servicios de Sunterra. 

“Escogerme a mí” 

La evolución del proyecto también ha coincidido con cambios importantes en la manera en la que Mish entiende su propia vida. 

Convertirse en mamá modificó muchas de sus prioridades y aquella primera idea de éxito que había construido. 

“Tuve que reformular mi idea de felicidad”.

Hoy crecer profesionalmente también significa tener libertad, desarrollar su trabajo y poder estar presente para su hija. 

Cuando se le pregunta cuál considera uno de sus mayores actos de valentía, responde: “Escogerme a mí”. 

Mish prefiere hablar de su historia desde los cambios y aprendizajes que han acompañado cada etapa. Algo muy parecido a lo que ha sucedido con Sunterra: un proyecto que ha tenido que transformarse, ajustar su rumbo y evolucionar para encontrar su propia identidad. 

Hoy, mientras continúa estudiando Cosmetología y construyendo junto a su papá el futuro de Sunterra MedSpa, Mish tiene más claro hacia dónde quiere avanzar: crear un espacio integral donde estética, cuidado y bienestar puedan convivir en un mismo lugar.

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Nad Narváez: la valentía de construir una vida propia 

Algunas decisiones parecen sencillas hasta que toca vivirlas. Para Nadxiely Narváez, Nad para quienes la conocen, una de las más importantes llegó a los 24 años, cuando dejó Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, para comenzar de nuevo en Querétaro. 

Había terminado la carrera de Derecho y comenzado su vida laboral, pero sentía que quería algo más. 

“Yo no me quería limitar a lo que se suponía que tenía que hacer”. 

Una amiga la animó a intentarlo. Nad hizo sus maletas, llegó con una entrevista de trabajo y decidió quedarse. 

“Irte de donde eres cuando no tienes absolutamente ninguna raíz en otro lado es muy complicado. Crees que solo llenas tus maletas y te vas, pero después vienen muchas cosas”. 

La distancia le enseñó a resolver sola, adaptarse y construir una nueva vida, pero también a vivir lejos de su familia y aprender que, algunas veces, toca salir corriendo para tomar un vuelo cuando alguien que amas te necesita. 

Aun así, aquella decisión terminó cambiando su historia. 

Un camino que no estaba en los planes 

Aunque estudió Derecho, su vida profesional la llevó al sector financiero. Comenzó trabajando con AFORE y ahí conoció a Salvador, quien años después se convertiría en su esposo y socio. 

Con el tiempo llegaron sus dos hijas y también la idea de construir algo propio.

Durante la pandemia, Nad comenzó a insistirle a Salvador: 

“Le decía: estás dando tu tiempo a alguien más. Hagámoslo nosotros”. Había miedo por dejar la seguridad de una empresa, pero decidieron intentarlo. 

Comenzaron con algunos clientes y la experiencia que habían acumulado durante años. Nad se encargaba de conseguir citas y desarrollar contratos, mientras Salvador trabajaba los proyectos financieros. 

Después llegaron nuevos servicios y también nuevos retos. 

“Yo decía: no sé de esto”. 

Así que estudió, se capacitó y aprendió a enfrentarse al rechazo y a esas llamadas que al principio tanto trabajo le costaban. 

Poco a poco, el proyecto comenzó a crecer. 

Una empresa con historia familiar 

Así nació Nasaan Soluciones Financieras, un nombre que también habla de su familia: Na, de Nadxiely; Sa, de Salvador; A, de Ana; y N, de Natalia. 

Actualmente trabajan con pensiones, inversiones, planes de retiro y distintos tipos de seguros. 

Pero para Nad nunca se ha tratado únicamente de vender un producto. “Siempre hemos buscado ayudar más que beneficiarnos nosotros”. 

Uno de sus principales objetivos es generar conciencia sobre el futuro financiero y lograr que temas como el ahorro, la protección y el retiro dejen de sentirse tan lejanos. 

Porque cuando alguien confía en decisiones relacionadas con su patrimonio, Nad tiene claro que hay dos cosas indispensables: seguridad y confianza. 

La fuerza que viene de otras mujeres 

Nad se describe como determinada, constante, disciplinada, divertida y “muy platicadora”. 

Cuando piensa de dónde viene esa fortaleza, inmediatamente habla de su mamá y su abuela. 

“Todo lo que soy, de la punta de la cabeza a la punta de los pies, es por ellas. Toda la determinación y la valentía que tengo me las metieron hasta el tuétano”. 

Ahora son sus hijas quienes la ven trabajar, construir y seguir creciendo.

Después de dejar su ciudad, empezar desde cero, formar una familia y crear una empresa, Nad sabe que el miedo ha estado presente en muchas etapas de su vida. 

Pero nunca ha permitido que sea el miedo quien tome las decisiones. 

Hoy, su historia sigue teniendo mucho de aquella joven que un día hizo sus maletas sin saber exactamente qué iba a encontrar. 

Solo sabía que quería darse la oportunidad de descubrirlo. 

Y quizá esa sigue siendo una de sus mayores fortalezas: atreverse primero y aprender en el camino que sí era capaz. 

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Ángela, Daniela, Mish y Nad llegaron hasta aquí por caminos muy distintos, pero con algo en común: cada una decidió darle forma a una idea propia y hacerla crecer a su manera. 

Hoy sus proyectos hablan de ciencia, salud, bienestar y futuro financiero, pero también de identidad, propósito y evolución. 

Porque construir algo propio también es descubrir hasta dónde puede llevarte aquello en lo que realmente crees.

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Por: Rosella Magazine