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Durante años nos dijeron que para crecer profesionalmente había que asistir a eventos, repartir tarjetas y hablar con la mayor cantidad de personas posible. Aunque esos espacios siguen siendo importantes, la forma de construir relaciones profesionales ha cambiado.
En México, solo el 34% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. Somos propietarias del 37% de las PyMEs en el país. Y aun así, cuando se trata de dar el siguiente paso, muchas de nosotras nos detenemos. No por falta de talento, sino por falta de permiso propio.
Durante mucho tiempo, la conversación sobre el éxito profesional giró en torno a una idea muy concreta: trabajar más, resistir más, aguantar más. La exigencia era clara y, en muchos casos, silenciosa. Quien no estaba ocupado, parecía no estar avanzando. Sin embargo, algo empezó a cambiar.
En el mundo del crecimiento personal (y especialmente dentro del emprendimiento) se habla mucho de avanzar, de construir, de expandirse. Pero últimamente he pensado que evolucionar no es —ni se siente— como imaginaba. No se siente como claridad. No se siente como certeza. Y definitivamente no se siente como “tener todo bajo control”.
Emprender desde lo femenino también significa atravesar cambios personales que rara vez se cuentan, pero que forman parte del verdadero empoderamiento.
Recuerdo la primera vez que “invertí”. Bueno, en realidad no invertí: aposté. Era 2021 y todo el mundo hablaba de Dogecoin. En los cafés, en las noticias… incluso mi barbero decía que se iba a “hacer rico con cripto”. Yo no entendía muy bien cómo funcionaba, pero sentía que si no entraba ya, me iba a quedar fuera del tren.
Rockwell Automation, una de las empresas líderes a nivel global en tecnología industrial, no solo impulsa la transformación digital de la manufactura, sino también una transformación cultural: la apertura a la diversidad, la inclusión y el liderazgo de las mujeres dentro del sector.
He tenido la suerte de trabajar con personas de todo tipo. Médicos, chefs, coaches, terapeutas, artistas, mujeres que decidieron emprender. Y en cada historia, en cada reunión, en cada intento, descubrí algo distinto… pero también algo en común: que todos, absolutamente todos, están intentando dejar huella a su manera.
Imagina esto: tienes una marca con potencial, un portafolio que va creciendo y de repente te topas con una encrucijada estratégica: ¿cómo estructurar tus productos o servicios sin enredarte?
Mujer emprendedora
Lifestyle
Todos los seres humanos poseemos cerebro, mente y ego, que actúan al mismo tiempo, pues pensamos, asociamos, analizamos, interpretamos, tenemos creencias y actuamos; la diferencia es cuál de ellos está presente con más fuerza en los momentos que vivimos día a día.
Espera un minuto... Deja ir a las personas que aún no están listas para tenerte cerca. Esto es lo más difícil que tendrás que hacer en tu vida y también será lo más importante.
Recordemos que cuando trabajamos en la imagen de una persona, no estamos trabajando precisamente en su belleza, sino en que comunique lo deseado y que sea coherente.
Hoy en día existen numerosos lugares de depilación corporal y facial, pero no todos manejan el mismo método ni la misma aparatología.
Las redes sociales son el portafolio digital de tu negocio. Por esta razón, es esencial otorgarles la importancia que merecen. Se convierten en la primera impresión que recibe tu cliente potencial, moldeando la percepción que tiene de tu marca y la que deseas proyectar.
Hace poco, durante una caminata con una amiga que no veía en años, surgió una conversación inesperada. Me confesó que estaba retomando su vida tras un doloroso divorcio, y cuando mencioné mi especialidad en tanatología, se sorprendió. “Pensé que eso solo era para quienes han perdido a alguien por muerte,” me dijo, con la voz cargada de confusión. Para ella, tanatología significaba muerte y tristeza; nunca lo había relacionado con sus propias experiencias de pérdida.
En esta edición, continuamos con las leyes espirituales del éxito, enfocándonos en la Ley del Desapego. Esta ley nos enseña que, para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. No se trata de abandonar nuestros deseos o intenciones, sino de dejar de preocuparnos por el resultado.
Cada fin de año trae consigo una mezcla de emociones: nostalgia por lo vivido, orgullo por lo logrado y, a veces, la sensación de que quedaron cosas pendientes. Sin embargo, este periodo es una oportunidad única para reconectar con nuestros propósitos, cerrar ciclos y abrir espacio para lo que está por venir.
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