¿Cómo mides tu vida?
AutoguíaNos enseñaron a medir la vida con relojes. En segundos. En minutos. En días. En años.
Celebramos cumpleaños, contamos décadas, nos angustia cumplir cierta edad y sentimos que el tiempo corre como si fuera el único indicador de que estamos viviendo.
Pero nunca entendí por qué nadie nos enseñó a medirla de otra forma.
¿Qué pasaría si, en lugar de preguntar cuántos años tienes, preguntáramos cuántas veces has amado sin miedo?
¿Cuántos abrazos han logrado reconstruirte? ¿Cuántos besos te hicieron sentir que estabas exactamente donde debías estar? ¿Cuántas conversaciones cambiaron el rumbo de tu historia?
Quizá descubriríamos que hay personas con treinta años que han vivido mucho más que otras de ochenta.
Porque el tiempo no siempre significa vida.
A veces solo significa existencia.
Hay quien pasa décadas obedeciendo expectativas ajenas. Viviendo para cumplir listas que nunca escribió. Permaneciendo en trabajos que no disfruta, relaciones que terminaron hace mucho o ciudades que dejaron de sentirse como hogar.
Y, sin darse cuenta, un día descubre que han pasado veinte años… pero casi ninguno le pertenece.
Entonces entendemos que la verdadera pregunta nunca fue cuánto tiempo vivimos.
La pregunta es cuánto de ese tiempo realmente fue nuestro.
Tal vez la vida debería medirse en primeras veces. En decisiones que dieron miedo. En las veces que elegimos empezar de nuevo cuando parecía demasiado tarde.
En los viajes que nos cambiaron, en las personas que nos enseñaron algo, en las lágrimas que limpiaron heridas antiguas y en las carcajadas que nos hicieron olvidar, aunque fuera por un instante, todo lo demás.
Incluso las pérdidas merecen un lugar en esa medida. Porque también son prueba de que hubo algo lo suficientemente importante como para doler.
No existe una vida sin cicatrices. Solo existen vidas que aprendieron a llevarlas con dignidad.
Y hay otra medida de la que casi nadie habla: la libertad.
¿Cuántos años puede vivir una persona sintiéndose atrapada antes de recordar que también nació para elegir?
¿Cuánto tiempo puede permanecer atada al miedo, a la culpa, a las expectativas o a la opinión de los demás antes de decidir romper con todo aquello que la mantiene inmóvil?
Quizá la libertad no llegue el día en que desaparezcan los problemas.
Quizá llegue el día en que dejemos de pedir permiso para convertirnos en quienes realmente somos.
Porque la libertad no consiste en no tener límites.
Consiste en dejar de vivir dentro de los que otros construyeron para nosotros.
Al final, cuando miremos hacia atrás, es probable que no recordemos con precisión cuántos martes vivimos ni cuántos calendarios cambiamos.
Recordaremos a quién abrazamos cuando más lo necesitaba.
Los besos que todavía saben a hogar.
Las veces que fuimos valientes. Las veces que perdonamos. Las veces que volvimos a empezar.
Y, sobre todo, las veces que nos sentimos profundamente vivos.
Tal vez esa sea la única forma justa de medir una existencia.
No por los años que acumuló.
Sino por todo lo que fuimos capaces de vivir dentro de ellos.
Nos vemos en la siguiente edición.
Sofía Ontiveros
@lunadesalem























