Intencionar lo invisible: cómo darle cuerpo a nuestros deseos
AutoguíaCada inicio de año hacemos lo mismo: listas nuevas, metas ambiciosas, promesas que suenan bien en papel. Queremos ponernos en forma, ganar más dinero, cambiar de casa, de trabajo o de versión de nosotras mismas. Muchas veces lo hacemos desde la prisa, la comparación o la necesidad de encajar, de ser vistas, de “lograr” algo más.
Durante mucho tiempo me pregunté por qué, aun haciendo todo “bien”, paso a paso y con disciplina, algunas metas simplemente no se sentían plenas. No era falta de esfuerzo. Era algo más profundo.
Y entonces lo entendí: no basta con desear un mejor cuerpo, más dinero o el coche del año si la mente y el cuerpo no están alineados con el alma. Cuando esa coherencia no existe, el propósito se convierte en un pendiente más dentro de la lista interminable de to do’s.
Intencionar no es desear.
Intencionar es un acto íntimo.
Es presencia, fe y coherencia entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago.
Cuando comprendí eso, supe que necesitaba un ancla. Algo que me regresara a mí en medio del caos cotidiano. Un tótem, un amuleto, un recordatorio físico que me ayudara a no olvidar desde dónde estaba eligiendo mis propósitos.
Así nació mi forma de trabajar la intención: convertirla en algo que se toca, se porta y se recuerda. Darle cuerpo a lo invisible. Transformar una emoción, un deseo o una etapa de vida en una pieza que acompañe, que sostenga y que recuerde.
Desde ahí se entrelazan mi lado más personal y Turmalina: como una extensión de mi manera de vivir, crear y elegir. No como joyería solamente, sino como símbolos que acompañan procesos reales, humanos y profundos.
Hoy te dejo esta pregunta, no para que la respondas rápido, sino para que la sientas:
¿Qué pasaría si hoy eligieras una sola cosa… pero con verdadera intención?
Casandra Trejo
@turnalina_bycasandra






















